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Archivo de la etiqueta: rodeos improductivos

Otro de los grandes problemas que nos encontramos en este negocio es el miedo que existe a asumir responsabilidades o errores lo que puede provocar todo tipo de situaciones:

– Inacción o parálisis. El proyecto queda bloqueado ya sea porque no se toman decisiones que permitan resolver los problemas que provocan esta circunstancia (el área usuaria se desentiende del proyecto o no participa con la dedicación que se requiere, enfrentamientos personales, existen problemas relacionados con el alcance del proyecto, la calidad de los trabajos, etc…), porque no se tiene claro hacia donde tirar y para que parezca que hay movimiento se opta por enfocar el trabajo a perfeccionar una situación que no lo requiere o a tareas de poco impacto, sin atacar el problema de fondo o porque se teme que tras la realización de una tarea el proyecto entre en una fase que sea complicada de controlar (por ejemplo que tras un paso a producción serio que afecte al núcleo de la funcionalidad del sistema, que la acogida no sea la deseada, que aparezcan infinidad de errores, que el rendimiento no sea aceptable, etc…).

Esta situación no solo afecta a los proyectos sino a los propios procesos de la organización o a las relaciones entre departamentos o equipos de trabajo. En lugar de mejorar aquellos procesos que no terminan de funcionar bien, implantar un proceso que cubra un área que hasta ahora no estaba organizada o resolver problemas entre personas o entre equipos, se decide no hacer nada no vaya a ser que la solución ponga la cosa aún peor o por el simple hecho de evitar la circunstancia de asumir decisiones que provoquen un desgaste personal.

Algunos antipatrones asociados: “Parálisis del análisis“, “miedo al éxito“, “requisitos esparcidos por la pared“, “arquitectura o programación orientada a obstáculos“, “morir planificando“, “tirita“, “chivo expiatorio“, “otra reunión más lo resolverá“, “la disputa familiar“, “caballero de tres cabezas“, “corncob“, “proyecto del día de la marmota“, “callejón sin salida“, “responsable ausente“, “rodeos improductivos

– Yo no he sido (versión activa). Una persona o un grupo de personas, toman una decisión, se realiza un trabajo en base a la misma y una vez ejecutado no se hacen responsables de los resultados. Esto sucede si los mismos no han sido buenos. Si hubiera sido al revés, faltaría metal para construir tantas medallas.

Lo peor de todo es que en más ocasiones de las que sería deseable los “yo no he sido” se aprovechan de que muchos de los acuerdos son verbales y lo que queda es la palabra de uno contra la de otro (y ya sabemos lo que se valora nuestra palabra).

– Yo no he sido (versión pasiva). A una persona o un grupo de personas, se les comunica que se van a llevar a cabo una serie de actuaciones. Después, una vez realizadas, si el resultado no es satisfactorio, empiezan a decir que quién ha autorizado esa actuación.

Es pasivo, porque en este caso, pese a que se les informó y tenían la oportunidad de interrumpir los trabajos, no lo hicieron y ahora piden explicaciones.

“Necesito que me pases un informe con el estado de avance del proyecto, también las actas de las últimas reuniones, un listado con las incidencias, consultas, peticiones y problemas, otro informe con el uso de la aplicación, otro con el resultado del análisis estático de código, ¿hay encuestas de satisfacción del área usuaria?…

Es que tenemos que evaluar si en este último trimestre del año presentamos el sistema de información en un congreso…”.

A veces se necesitará pedir información, incluso de manera exhaustiva, sobre todo si se trata de un aspecto crítico o problemático. Ahora bien, si tienes delegada una responsabilidad en una persona, pregúntale, él te dará probablemente la respuesta a tus dudas y por mucho papel que te pase, más que nadie sabrá lo que ocurre en el proyecto y lo que necesita.

¿Qué te quiere mentir? Las mentiras tienen las patas muy cortas. Quien tiene delegada una responsabilidad y miente al que se la delega está cerrando las puertas a la confianza y probablemente a la continuidad en la organización.

Habrá decisiones que por su trascendencia sí que puede requerir que la tomes tú y no exclusivamente la persona a la que le tienes encomendada la tarea, pero habrá otras, tal vez la mayoría, donde la toma de decisiones no requiere tantas vueltas y donde la rapidez con que se tomen pueden hacerla eficaces o no.

Tenemos la tendencia natural a solicitar todo tipo de información cuando nos preguntan algo que no conocemos, un buen ejercicio que debemos aplicarnos es pararnos a pensar qué es lo que realmente necesitamos y con quién contamos para poder dar una respuesta.