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Archivo de la etiqueta: Steve Jobs

Ambas cosas. Una de las máximas de Steve Jobs era que “las funcionalidades esenciales de un sistema tenían que ser sencillas de utilizar por parte de los usuarios”, funcionalidad y usabilidad deben ir de la mano, si bien no siempre van al mismo ritmo, ya que generalmente la funcionalidad va por delante de la usabilidad y es en cierto modo lógico que así sea, porque si bien ambas se realimentan del feedback, hasta que no se va consolidando la funcionalidad, la usabilidad ocupa otro lugar en la escala de prioridades.

Lo anterior no quita que se deba desarrollar con intención la funcionalidad pensando en la usabilidad, si no se hace así, no solo se no se está sacando el máximo partido posible al esfuerzo que se está invirtiendo sino que puede darse el caso de que la funcionalidad tenga que cambiarse posteriormente para adaptarse a una usabilidad que no es posible conseguir con el enfoque inicial.

Esa intención se consigue trabajando con el usuario en la definición del sprint y tratando de aplicar todo nuestro conocimiento y experiencia para asesorarle, teniendo en cuenta que hay que tener la mente muy abierta porque no hay que olvidar que el sistema que estamos construyendo no es para nosotros sino para el usuario y que si el usuario, tras escucharnos, decide tomar un camino, hay que respetarlo por mucho que pensemos que se equivoca.

Comenta Jeff Sutherland que entre el 50% y el 80% del contenido de las reuniones corporativas no es productivo. No sé si en esos porcentajes pero la mayoría de nosotros sí que tiene esa percepción.

Yo considero interesantes las reuniones (por ejemplo Steve Jobs y Apple en general presumían precisamente de ellas) ya que fomenta el intercambio de reflexiones y con ello se gana el análisis de diferentes visiones sobre una determinada situación y, además, reduce o evita los malos entendidos. Las personas de vez en cuando necesitan tratar directamente sobre un tema y no dejarlo todo en manos del correo electrónico, del teléfono o incluso de la videoconferencia.

Las reuniones deben tener una intención, reunirse por reunirse no aporta nada y es una pérdida de tiempo. Las reuniones deben tener un orden del día y unas conclusiones que pueden dar lugar a la realización de tareas que, además, deben ser objeto de seguimiento.

Jeff Sutherland ve las reuniones desde el punto de vista de Scrum en las cuales ya existe un guión establecido (ya sea en los scrums diarios, en las retrospectivas, en la definición de pila de sprint, etc…) y existe un tiempo limitado (por ese motivo comenta que ese problema, el de las reuniones donde buena parte de su contenido o duración es improductivo se elimina con Scrum desde el primer día).

Pero más allá de ellas, habrá otro tipo de reuniones que tendrán que realizar determinados perfiles donde esas reglas del juego no se apliquen (reuniones con clientes, con otros departamentos de la organización, etc…).

La eficiencia no se consigue eludiendo las reuniones sino utilizándolas de manera precisa, Scrum lo hace pero tenemos que intentar conseguir los mismos efectos en otros contextos aún aplicando técnicas distintas.

Hay momentos donde se siente muchísima frustración, normalmente cuando la visión sobre cómo deberían funcionar las cosas no coincide con la realidad que se está viviendo y de la frustración se pasa al desasosiego cuando se intuye que la situación no tiene visos de cambiar.

Ante esto existen dos posibilidades, bajar los brazos o seguir apostando por lo que uno cree. Lo fácil es lo primero, pero lo fácil se convierte en caro cuando eso supone abandonar aquello en lo que se cree, porque cuando hacemos eso, ¿qué nos queda realmente?.

Hay una reflexión de Andy Hunt que comparto absolutamente: “Solo los peces muertos van con la corriente”.

Esta cita es un lema para todos aquellos que sentimos que queremos mejorar y que nos resistimos al resultado más probable.

También debe ser un lema para los que creen que el progreso es el resultado de disrupciones sobre las tendencias, es decir, de construir nuevos contextos o nuevas tendencias como resultado de haber ido por un camino diferente (Steve Jobs fue un gran ejemplo de esto).

La cita también es extensible a la aplicación de prácticas o técnicas sin tener en cuenta el contexto, solo por el hecho de que el resto hace uso de ellas. Soy un defensor de de las mismas pero nunca defenderé su uso a ciegas, sin tener en cuenta las circunstancias sobre las que se aplica.

Uno de los aspectos más característicos de Steve Jobs era su deseo por seguir innovando. En primer lugar porque sabía que la mejor forma de vencer a la competencia es que la misma, de partida, estuviera a años de distancia y en segundo lugar porque sentía ganas de crear, tenía espíritu de artista y su creatividad se reflejaba en los productos de Apple.

Hay muchas organizaciones que pueden ser líderes un tiempo pero que después pasan a un segundo plano o desaparecen precisamente por ser inmovilistas y no continuar progresando e innovando. Si tu idea ha sido buena y ha sido un éxito aparecerá competencia que querrá quedarse con tu mercado, esa competencia avanzará deprisa, tendrá nuevas ideas y explotará tus debilidades, hay dos opciones: quedarte mirando como tus competidores se van acercando más y más o aprovechar la ventaja que ya tienes para seguir innovando en ese mercado y/o en otros.

Esto pensaba Steve Jobs sobre este tema (traducción libre): “Creo que si haces algo y resulta bastante bueno, lo siguiente es intentar hacer otra cosa maravillosa, no pensar en ello mucho tiempo y solo imaginar qué será lo próximo”.

Fue una máxima de Steve Jobs la relación directa con sus colaboradores, lo fue en los principios de Apple y lo fue también cuando situó a Apple en camino de ser la primera compañía del mundo.

Los procesos son necesarios dentro de una organización, lo que debe variar es su grado de flexibilidad o de rigidez en función de la temática sobre la que se apliquen. También es necesario entender que en determinadas materias no es suficiente solo con ser flexible, sino que las propias reglas deben escribirse a través de la interacción entre personas.

Steve Jobs tenía claro que la innovación debía ser así. La creatividad se encuentra en las personas no en los procesos y no siempre se encuentra cuando se busca y lo mismo aparece cuando menos te lo esperas y en la circunstancia o momento más insospechado. La creatividad puede ser fruto de una persona pero los grandes proyectos requieren visiones y esfuerzos colectivos.

Esta cita de Steve Jobs lo resume de la siguiente manera: “El sistema es que no hay sistema… Los procesos te hacen más eficiente pero la innovación es el resultado de personas que se reúnen en los pasillos o que se llaman unas a otras a las 10.30h de la noche con una nueva idea”.

Y no son solo palabras, por ejemplo, Steve Jobs hizo que se diseñase la sede central de Pixar para propiciar precisamente los encuentros casuales entre personas.

De lo que es la figura de Steve Jobs me quedo con:

– Su capacidad de liderazgo (pese a que tuviera comportamientos que no comparto en absoluto). Aún así, las personas que asumían cómo era, iban con él hasta el final, porque sabían que independientemente de que fuera de una determinada manera, nunca traicionaba a sus principios y nunca traicionaba a Apple.

Sin esa capacidad de liderazgo hubiera sido imposible conseguir todo lo logró, porque cuando a las personas se les exige más allá de lo que humanamente parece posible y eso se prolonga en el tiempo, la mayoría termina por reventar y levantar el pie del acelerador, sin darse cuenta de que lo mismo se encuentran a poca distancia del objetivo. Con Jobs lo apretaban hasta el final.

– Su energía, su hambre, su espíritu emprendedor.

– La fidelidad a sus ideas y sus principios.

– Su visión de que el éxito de un producto llega a través de su calidad (expresada en todos los detalles del mismo).

– Su capacidad para ver mercados donde nadie los había visto.

– Su capacidad para inventar e innovar y convertir esas ideas en realidades.

– Su capacidad para crear una cultura dentro de Apple que le sobreviva.

Después de todo esto, ¿seguiré sin comprarme un producto de Apple? De momento sí, aunque tras el estudio de la vida de Steve Jobs, me he sentido muy tentado de hacerlo.

Creo en las tecnologías abiertas y eso choca con la concepción de producto de Apple. Pero hoy, a diferencia de hace unos meses, contemplo a los productos de Apple como una opción más, no les cierro las puertas.

Y desde el año 1997, no sin unos inicios complicados y sin algún que otro altibajo, Apple se convirtió en lo que es actualmente, la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo.

Y en medio de todo eso:

– Tuvo la capacidad de buscar una salida económica a una industria en crisis como la discográfica (que lo sigue estando entre otras cosas porque no termina de entender que su modelo de negocio no es compatible con la realidad en la que vivimos) tras la irrupción de Napster (que fue el detonante de toda la revolución posterior) y eso lo hizo a través del iPod y de iTunes.

El iPod supuso a su vez una revolución en el consumo de la música, hay un antes y después del iPod.

– Revolucionó el concepto de tienda minorista, como necesidad para la defensa de sus productos y de su concepto, ya que en otras tiendas donde compartían espacio con otros productos, no tenían un tratamiento preferente por parte de los vendedores que entendían que era más sencillo vender dispositivos más asequibles económicamente. En estas tiendas, con un diseño y disposición de los productos muy cuidada, surgió también el concepto de Genius Bar, para dar asistencia técnica por parte de expertos.

– Transformó el negocio de los dispositivos móviles con el iPhone, dotándoles de una tecnología que por fin hacía agradable y útil la realización de operaciones o la simple navegación a través de Internet.

– Creó un nuevo paradigma, la llamada era post PC, con la aparición del iPad.

Si sumamos todos los logros que se encuentran tras la figura de Steve Jobs, nos encontramos probablemente con la persona que más ha contribuido al campo de la innovación en la industria de la tecnología en los últimos cincuenta años.

Jobs, se fue dejando un mundo mucho mejor que el que lo acogió en el año 1955.

Y es una pena que se fuera tan pronto porque hubiera seguido innovando, porque seguía teniendo hambre y además contaba con el respaldo de la empresa más valiosa del mundo y con una legión de incondicionales que crecía cada día.