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Archivo de la etiqueta: todo lo que tienes es un martillo

Este antipatrón se puede relacionar con todos aquellos en los que se trata la introducción de complejidad innecesaria en el desarrollo o en el producto final (por ejemplo “funcionalitis acechante” o “complejidad no indispensable“) y con aquellos donde una solución base que resuelve en determinados casos problemáticas concretas o que son aptas para proyectos concretos, se entienden que valen para cualquier problemática o concepto que se encuentra dentro de ese dominio de actuación (obviando otros factores) e incluso se extienden fuera de ese ámbito (por ejemplo, los antipatrones “todo lo que tienes es un martillo” o “bala de plata“).

En este caso la complejidad adicional al sistema se incluye al intentar hacer una analogía del mismo con otro que tiene alguna o algunas características comunes (ámbito de negocio parecido, funcionalidades semejantes, mismo tipo de cliente, mismo cliente, idéntico entorno tecnológico, etc…), es decir, se toma como base otro y en lugar de profundizar en las expectativas reales del usuario o en la complejidad del problema o del proyecto que tenemos ante nosotros, se pone la atención en intentar adaptar esa idea o esa solución.

Esto, además de poder estar alejado a lo que los usuarios quieren realmente, pueden incorporar una mayor complejidad al proceso de desarrollo y/o al propio sistema de información, haciendo necesario un mayor esfuerzo, dificultando su posterior mantenimiento y empeorando la experiencia del usuario (cuando no el cumplimiento de sus expectativas).

Se trata, desgraciadamente, del tipo de gestión de personas más típica que podemos encontrarnos.

En este antipatrón un coordinador de equipos de trabajo o un jefe de grupo realiza una gestión aséptica de las personas. Todo se basa en los procesos y en lo que en la distancia cree que sucede (es como subirse en lo alto de una montaña y escrutar qué es lo que pasa abajo en el valle).

Es posible que los que aplican este antipatrón puedan tener personas de confianza en las que delegan la gestión ordinaria de las tareas, encargándose ellos de tareas más horizontales en las que todos los subordinados forman capas por debajo a las que se les invoca por una API que tiene como punto de entrada/salida esas personas de confianza.

Nunca apoyaré una gestión de esas características porque va en contra de lo que creo firmemente y es que el éxito o el fracaso depende de las personas y no puedes estar alejadas de ellas, si realmente quieres entender qué le pasa a tu departamento o a tu equipo de trabajo.

Este tipo de gestión requiere más desgaste, estar más implicado, al fin y al cabo, pese a que tus tareas puedan ser otras, palpas directamente lo que sucede por debajo y eso vale mucho más mil informes que te puedan poner encima de la mesa.