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Archivo de la etiqueta: Yamamoto Tsunetomo

Se trata de otra reflexión de Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure que me parece muy interesante: “Uno deja escapar el momento crucial porque cree que el ahora mismo y ese momento crucial son momentos diferentes. Ahora es el momento crucial y ese momento crucial es ahora mismo”.

Nos perdemos en planificar, en mirar lo que puede pasar dentro de un tiempo. No digo que no sea importante ya que la adaptación al cambio es presente, pero los medios para llevarla a cabo de manera efectiva empezaron a plantearse en el pasado y eso se consigue levantando la vista sobre nuestra propia realidad para analizar nuestro entorno y contexto, y con un ojo sobre las tendencias y lo que puede pasar.

Si las cosas no nos van bien, siempre podemos esperar a que escampe, y aunque a veces puede ser la solución, la realidad es que quiénes han sabido moverse en la tormenta son los que salen con ventaja de la misma. Y eso es así porque tomaron la decisión de que independientemente de que todo fuera más complicado, preferían ser ellos mismos los que se equivocasen o acertasen, y no dejar su suerte en manos de los errores y aciertos de los demás.

En nuestro día a día profesional cometeremos errores y tendremos éxitos. A veces se reconocerán los éxitos y los errores pueden terminar con nuestra aventura en una organización.

Es difícil aprender del éxito porque hay que ser de mentalidad muy fuerte para tener capacidad de análisis cuando el viento sopla a favor.

De todas formas y ante cualquier circunstancia tenemos que tratar de analizar todo lo que hemos podido hacer mejor, ya que es la única manera de tratar de mantener la racha y seguir progresando.

Ya lo dice Spencer Johnson en su libro “Cimas y Valles”: “Las cimas y los valles está conectados. Los errores que cometes en los buenos momentos del presente crean los malos momentos del mañana. Y tus aciertos en los malos momentos del presente crean los buenos momentos del mañana”.

Y el viento también soplará en contra, tomarás decisiones equivocadas, no podrás dedicar todo el tiempo que un proyecto necesita o te encuentras sin energía para ello, ante esto solo te quedan dos opciones: seguir luchando o rendirte, solo con la primera tendrás posibilidades de revertir la situación y te encontrarás además con una situación de ventaja con respecto a otros muchos profesionales de tu sector, siempre y cuando hayas aprendido de tus errores, ya que ya has pasado por ellos y tienes más posibilidades que otros de no volver a tropezarte de nuevo con la misma piedra (es probable que lo vuelvas a hacer, pero tómalo como una experiencia más, con el objeto de evitar que vuelva a suceder).

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure lo expresa de manera muy simple: “Cae siete veces, levántate ocho”. Esa es la clave para seguir evolucionando y progresando.

He comentado muchas veces que tener nuestra atención repartida en múltiples proyectos termina siendo contraproducente para los proyectos, porque no se les dedica ni el tiempo ni la energía que necesitan, y para nosotros mismos que terminamos desgastados y frustrados al ser conscientes de que independientemente de nuestros aciertos y errores, los resultados podrían haber sido mejores si hubiéramos estado más encima en el día a día.

Lo queramos o no, terminaremos cayendo en el overtime, no solo por el hecho de echar más horas, sino porque los problemas nos los llevamos a casa. Y conforme esta situación se extienda en el tiempo, menos será nuestra energía y productividad, a la par de que nos sentiremos menos motivados por el hecho de que parece que hemos caído en un bucle del que no podemos salir.

Quienes tienen responsabilidad de gestión tienen que tratar de determinar cuál es límite de cada persona, con el objeto no de llegar a él, sino de tratar que no se supere (son dos actitudes diferentes ante un mismo problema).

Yo he cometido el error y así lo atestigua más de un artículo en los primeros tiempos de este blog, de apoyar el hecho de que las tareas potenciales asignadas a una persona sean superiores al 100% para tratar de evitar situaciones en las cuales no hayan posibles tareas a asignar.

La realidad viene a demostrar que aunque esa situación se pueda dar, lo normal es que la carga se sitúe por encima de ese 100% y se caigan en los problemas indicados anteriormente.

Es fundamental que la carga de trabajo se adapte a nuestra capacidad, más allá de eso, los resultados no son buenos, de ahí que resulte fundamental la gestión del WIP (Work in progress).

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure dejó evidencia de lo importante que resulta adecuar la atención a nuestra capacidad: “Es necesario saber concentrarse en una sola cosa, todos los oficios deben ser realizados con concentración”.

Los detalles pueden parecer insignificantes. Pero la suma de pequeños detalles sí que terminan teniendo importancia.

Y ese es el problema de muchas organizaciones, que se centran en unos objetivos generales y enfocan su atención en conseguirlos, mirando solo hacia ellos y olvidando o dejando de lado, tareas, gestos, oportunidades, detalles al fin y al cabo, que tal vez no los considere importantes (otra cosa es que sí lo sean), pero que tarde o temprano terminan pasando factura.

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure consideraba que: “Si una alberga seguridad en sus cimientos, no se verá aquejado por pequeños detalles o asuntos imprevistos. Pero, al final, los detalles de todo asunto son importantes. El acierto o el error en nuestra forma de proceder se encuentra en los asuntos más triviales”.

Sobre unas bases sólidas preparadas para el cambio, los imprevistos hacen menos daño, pero su acumulación, junto a esos fallos y detalles que se consideran poco importantes y junto a esas decisiones incómodas que no se toman o se aplazan indefinidamente porque la situación actual permite no tener que tomarlas, pueden terminar haciendo la grieta lo suficientemente grande como para poner en riesgo que el barco siga a flote.

Siempre me gustó mucho la siguiente cita de Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure: “En la estrategia es importante ver las cosas lejanas como si estuvieran cerca y de tener una visión de lejos de las cosas cercanas” porque hace referencia a la necesidad de ver todo con perspectiva, de esa manera, con ese equilibrio, se reduce la probabilidad de error (porque nadie es infalible).

Cada uno de nosotros probablemente tendrá una colección de errores derivados de actuar con precipitación y otros muchos por ver siempre los árboles y nunca el bosque.

No se trata de hacer equidistante lo presente y lo futuro, lo más actual es lo más importante porque el presente es ahora, es lo que nos quema, pero, ¿es por ello necesario apresurarse a tomar decisiones que pueden esperar un poco más?, si hay algún riesgo o algún hito que conseguir a medio/largo plazo, ¿es conveniente olvidarse de ellos?.

Hay que saber esperar y también saber apreciar cuando empieza a ser demasiado tarde.

Hay que saber mirar al horizonte sin olvidar de mirar el suelo que estamos pisando.

A veces dedicamos demasiada energía para intentar convencer a quien no quiere dejarse. Tal vez ya lo has intentado y quieres volver a hacerlo, tal vez ya conozcas que no va a ser posible hacerle cambiar de opinión, ¿merece la pena invertir ese esfuerzo?. No se trata de ser conformista porque para cambiar las cosas uno debe intentarlo pero tampoco merece la pena estar chocando continuamente contra una pared.

Por lo menos mientras no cambien las condiciones, tal vez lo mejor sea esperar.

A veces elegimos mal el momento para hacer una determinada propuesta. Tal vez si lo hubiéramos hecho antes o hubiéramos esperado un mejor momento, la respuesta podría haber sido diferente.

Es cierto que no siempre se dispone de suficiente información para conocer cuál es el mejor momento, pero también lo es que muchas veces no pensamos si realmente lo es.

Yamamoto Tsunetomo en el Hagakure comenta lo siguiente: “Para darle una opinión a una persona, primero debes juzgar si la persona está en disposición de recibirla o no”.

Se trata, por tanto, de tratar de ser efectivo y de no perder nuestro enfoque en luchas que no llevan a ningún sitio más allá de nuestra frustración y/o de nuestro tiempo perdido, ese que no vuelve y que echaremos de menos cuando tengamos que cumplir unos plazos y no lleguemos.

Yamamoto Tsunetomo fue un conocido samurai en la segunda mitad del S.XVII y las dos primeras décadas del S.XVIII. En su retiro, un joven samurai llamado Tashiro Tsuramoto transcribió las conversaciones que tuvo con él, dando lugar al Hagakure, en el que se describe por primera vez el código guerrero de los samurai.

Une reflexión sobre la intención que aparece en ese libro es la siguiente: “Si uno lanza sin vigor, siete de cada diez acciones no llegan a término”.

Me habéis leído escribir muchas veces sobre la intención, como el deseo real convertido en acciones fundamentadas que pretenden conseguir un objetivo. El fundamento de la acción viene dado por un análisis objetivo de la misma, tratando de reducir en lo posible actuaciones basadas en el prueba y error o sin suficiente conocimiento como para esperar que se obtengan los resultados esperados.

Precisamente es una de las causas principales de que un desarrollo iterativo incremental no sea efectivo, dando lugar a más iteraciones de las necesarias y a un mayor coste que si no se puede asumir puede dar lugar a que el proyecto fracase.

No se trata de tener toda la información, de tener completa seguridad de que la decisión que se toma es la correcta, porque pocas veces vamos a encontrarnos con esa situación de partida o tras un trabajo más o menos elaborado, sino de entender que tenemos más posibilidades de acertar si se han realizado las tareas y acciones oportunas que permitan elegir el camino más adecuado.

Ese es el desarrollo de la intención, antes hay que querer alcanzar el objetivo y estar dispuesto a invertir el esfuerzo que sea necesario, precisamente muchas de las decisiones que se toman en el transcurso de una reunión se quedan en nada, solo en palabras, debido a que parece que la energía se queda en la mesa una vez que todos (o por lo menos, los que tienen que desarrollar las acciones) se levantan de la mesa.