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Archivo de la etiqueta: desarrollo personal

La transformación, al adaptación al cambio, la aplicación de un nuevo enfoque, implica el abandono de un modelo, de una serie de prácticas, de una cierta manera de hacer las cosas.

No se trata de abandonarlo todo, no se trata de empezar de nuevo, sino de saber que el cambio solo viene a través del cambio y que, por tanto, no es posible alcanzarlo si en lugar de mirar adelante, no dejas de mirar atrás. Llévate en tu mochila todo tu conocimiento y experiencias y todo aquello que pienses que te puede resultar de utilidad en el viaje, pero ten en cuenta que su capacidad es limitada y que tendrás que renunciar o prescindir de prácticas o conductas antiguas para dar espacio a lo que viene a sustituirlas.

La agilidad requiere tener esa capacidad. En el proceso de adaptación al cambio tendrás que mirar dentro de ti, dentro de los proyectos en los que has participado y verás cosas que no te gustarán, de errores que cometiste y que te hacen ponerte las manos sobre la cara, debes entender que es parte del proceso y que nadie es infalible y debes comprender que han sido parte del camino que te ha llevado hasta aquí y que te han dado el suficiente conocimiento y madurez para ser mejor.

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Me parece muy interesante la siguiente cita de Sócrates: “El grado sumo del saber es contemplar el por qué”.

Muchas veces las cosas salen y no hacemos un esfuerzo por entender el por qué, precisamente por el hecho de que salen.

Tal vez si hiciéramos un análisis podríamos detectar a tiempo cuándo debemos realizar ajustes en nuestros métodos de trabajo, prever desviaciones sensibles en el proyecto o simplemente buscar alternativas cuando el cambio de contexto (entre otras variables, tal vez más importantes, que hayan podido afectar) hace que ya las cosas no salgan o, al menos, que no salgan como salían antes.

Aquí encontramos una explicación de por qué se aprende más en el error o en el fracaso (quien quiere aprender, claro está) porque cuando nos equivocamos y nos damos (queremos darnos) cuenta (algo muy importante), tratamos de detectar cuáles han sido las principales causas que nos han llevado a esta situación. Se puede acertar o no, es muy probable que en muchas ocasiones tropecemos de nuevo con la misma piedra, pero es a través de ese análisis y nuestros actos posteriores como realmente podemos seguir evolucionando.

El éxito embriaga, de tal forma que nos centramos en él más que en el por qué. Puede ser que estemos muy confiados de nuestras habilidades pero nadie es infalible en todos los contextos, en todas las situaciones, en todo momento, por eso es fundamental que entre tanta palmadita en la espalda dediquemos un tiempo a tratar de analizar qué hemos hecho bien, qué hemos hecho mal y por qué.

Hay una famosa cita que dice que: “una persona que dice que no se puede hacer, no debería interrumpir a la persona que lo está haciendo”.

Precisamente una de las causas que impide la evolución de muchas organizaciones (y de muchas personas) es esa, dar por sentado que no se puede y no dar ni siquiera la posibilidad a intentarlo pese a que, incluso fallando, se obtendrá en el proceso un aprendizaje importante, pese a que, incluso no existiendo otra posibilidad que la de progresar se cierran en banda a cambiar cualquiera de esos conocimientos y experiencias que se consideran leyes inmutables (tal vez lo fueron en su día, pero el mundo sigue dando vueltas).

Tan malo resulta lo anterior como poner todo tipo de resistencias a quien está tratando de conseguir ese objetivo aprovechando sobre todo los momentos de debilidad, cuando las cosas parecen peor dadas, y en donde parece que los acontecimientos quitan la razón a quien lo intenta y se lo da a quien no tardará en comentarte: “te lo dije“.

Y es que lo mismo variando el enfoque es posible encontrar caminos donde se piensa que no hay. Lo importante es progresar, evolucionar, adaptarse al cambio y para ello hay que tener una mentalidad más abierta para nosotros y para los demás y dar la posibilidad a que (dentro siempre de una coherencia) las personas se equivoquen.

Para Pete McBreen: “La maestría o la sabiduría no han sido nunca resultado de encontrar la mejor manera, sino el resultado de un viaje de descubrimiento en que nuevas ideas son posibles, incluso en las más mundanas de las tareas”.

Por tanto, se trata de un viaje sin fin, en el que vamos evolucionando conforme vamos ampliando nuestras experiencias y conocimientos y, en donde en cualquier situación y con cualquier persona tenemos la capacidad de mejorar.

Las ideas están ahí fuera es muy pretencioso pensar que todas las tenemos en nuestra cabeza.

En el momento en que pensamos que lo sabemos casi todo y que muy pocas situaciones o personas nos pueden aportar cosas, estamos limitando, no solo nuestro conocimiento sino nuestro margen de maniobra ante un determinado problema si pensamos que la solución al mismo solo puede proceder de nosotros mismos.

Cuando trabajas con más personas, pensar que nadie te puede aportar nada o que solo algunos de ellos puede hacerlo estás cometiendo un error, te estás poniendo límites sin necesidad, estás dejando que tu arrogancia ponga resistencia al éxito.

Este tipo de actitudes llevadas al campo de los proyectos de desarrollo de software producen resultados nefastos ya que tiendes a crear castas: aquellos a los escuchas y aquellos que solo están para ejecutar trabajo y eso produce división y desmotivación entre aquellos que consideran que su opinión o conocimientos no vale para nada.

El éxito, el fracaso, lo que tienes hoy, todo cambia. La vida es así.

Tenemos capacidad para luchar por nuestras metas, para esforzarnos por hacer bien las cosas, para intentar preservar lo que queremos.

Esa capacidad llega más lejos de lo que pensamos y es capaz de romper barreras que desde la distancia parecen infranqueables.

Ahora bien, nuestra lucha debe tener en cuenta una cosa importante: no podemos controlar todo y no todo sucederá como queramos que sea y esa lección cuesta aprenderla porque generalmente cuando la aprendemos la volvemos a olvidar.

Os dejo la siguiente reflexión del Dalai Lama: “La mayoría de nuestros problemas se deben a nuestro deseo apasionado y el apego a las cosas que nosotros malinterpretamos como entidades duraderas”.

Si creemos que lo sabemos todo no vamos a evolucionar. Afortunadamente este mal tiene solución y tras cada batacazo que nos damos tenemos la oportunidad de recapacitar, si bien, para ello es necesario asumir que hemos sido parte del problema.

El conocimiento parte de cuestionar lo que creemos que sabemos, esto implicará analizar otras alternativas, aunque no te gusten, aunque pienses que no funcionan.

A veces las desecharás por completo, de otras cogerás una parte e incluso puede que alguna te lleve a un nuevo estado de iluminación en el que creas (de nuevo erróneamente) que vuelves a saberlo todo.

Analizar otras alternativas, escuchar a personas que ponen en tela de juicio tu forma de actuar o tu proyecto no es sencillo porque ellos pueden que no estén en primera línea y tu sí, porque tu eres el que se lleva los “golpes” cuando algo no va bien. Sin embargo, viene bien escuchar porque lo mismo tu día a día te impide ver cosas que desde fuera se aprecian más claramente.

Si es importante escuchar a personas de fuera, todavía lo es más con aquellas que trabajan contigo. Valora que te indiquen otras alternativas y valora que no estén de acuerdo contigo porque seguro que de esas situaciones se extrae conocimiento para una parte, para la otra o para ambas.

Es necesario saber gestionar de manera adecuada el trabajo y carrera profesional dentro de la organización de personas con talento y potencial pero a los que todavía les falta experiencia.

Este antipatrón se produce cuando la organización bien directamente o presionado por estas estrellas nacientes, decide saltarse etapas de crecimiento y les empieza a asignar responsabilidades y proyectos para los que todavía no están preparados.

Este asunto es controvertido y hay opiniones para todos los gustos. Desde mi punto de vista la promoción profesional depende de cada persona, entiendo y respecto que las organizaciones establezcan unos itinerarios, pero los límites reales deben fijarse en lo que el trabajador puede dar en ese momento, ni más, ni menos.

A veces quedamos impresionados por las habilidades técnicas de un desarrollador y se entiende que ya tienen todo lo que se necesita para saldar sus proyectos con éxito, eso es un error. Si algo nos caracteriza es que somos mejores cuanto más nos curtimos (si realmente tenemos un espíritu crítico), la calidad individual es algo importante pero no puede suplir la experiencia (hablo de experiencia real, cuantificada en la naturaleza de los proyectos en los que se ha trabajado y de la implicación que se ha tenido en ellos, y no de simple permanencia en un puesto de trabajo o en un rol determinado).

También es importante respetar al resto de personas, que sin tener tanto talento (o sí, pero que por algún motivo no sale a la luz) se dejan la piel por sacar su trabajo adelante y además consiguen buenos resultados. Nadie va a discutir que cada cierto tiempo salga un talento y tenga una carrera meteórica, si realmente ha justificado con resultados (y comportamiento) su proyección.

Lo que sí se va a discutir es que cada vez que salga alguien por encima de la media salte por encima de los demás, porque nadie cree y de hecho los resultados lo demostrarán, que todos ellos lo hagan mejor que el resto. Hay pocas cosas que desmotiven más que la falta de justicia en el reconocimiento de méritos y no porque se necesiten medallitas o palmaditas en la espalda, sino porque todos queremos progresar.