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Archivos diarios: marzo 22, 2013

Asunto muy controvertido. Por un lado se encuentra el hecho de tener a las personas el mayor porcentaje posible de su tiempo asignado a tareas facturables y por otro la certeza de que una persona que tiene su cabeza en muchos proyectos tiene su enfoque dividido y eso afecta a su rendimiento.

Estar en un 20% en un proyecto, un 5% en otro, un 50% en otro, un 10% en otro y un 15% en otro, no es ninguna exageración, incluso puedo quedarme hasta corto. Quien se haya encontrado o se encuentre en esta situación o quien dependa de personas que se encuentran en la misma sabrán lo que eso significa: el porcentaje final en cada proyecto será probablemente superior al asignado (lo que implicará overtime) y con un rendimiento en términos generales probablemente inferior al porcentaje final (y en consecuencia también inferior al asignado oficialmente).

Y eso si intentas equilibrar tu esfuerzo, si por las circunstancias terminas dedicando más esfuerzo a uno de esos proyectos que a los otros, vistes uno pero dejas sin nada al resto.

Cada cual sabe cuáles son sus límites pero en ningún caso se llegará a infinito y cuando son tantos los proyectos a los que estás asignado y menor es el porcentaje que puedes dedicar a los mismos más te estarás acercando al mismo.

Es complicado alcanzar el equilibrio entre ocupación máxima a nivel de facturación y asignación óptima a proyectos para que la productividad no se vea resentida (o muy poco resentida) pero el hecho de que sea difícil no quiere decir que no deba ser un objetivo.

Mary Poppendieck y Tom Poppendieck realizan la siguiente reflexión sobre este tema (traducción libre): “La asignación de personas a múltiples proyectos es una fuente de pérdidas. Cada vez que los desarrolladores de software cambian entre tareas, se pierde un tiempo significativo en volver a alinear los pensamientos y entrar en el flujo de la nueva tarea”.