Desarrollo de software. Antipatrón. El culto a la agenda

El enfoque clásico, predictivo o en cascada del desarrollo de software tiene como objetivo final el cumplimiento de a la agenda: “Estas son las condiciones contratadas y esto es lo que hay: alcance, coste y plazos”.

La premisa es que las condiciones de partida no van a cambiar y que la información existente para realizar las estimaciones era suficiente para que la desviación en lo vértices el triángulo de hierro no afecte a la calidad final de los trabajos.

Puedo no estar de acuerdo con esta estrategia de desarrollo de software, teniendo en cuenta que mi apuesta es por los enfoques iterativos incrementales siguiendo prácticas ágiles, pero no por ello es una estrategia descartable ya que puede ser válida o la solución más óptima en determinados tipos de contextos.

Además, a priori, suena bien eso de cumplir la agenda, porque de ello se desprende tranquilidad y predecibilidad (sé lo que me gasto, sé lo que voy a obtener y cuándo) y es cierto, en teoría parece que no presente grietas.

Pero solo en teoría, el castillo de naipes se desmorona en el momento en que las condiciones de partida cambian (es posible que incluso se desmorone antes, si la estimación ha sido deficiente) y eso es algo que se producirá con una probabilidad muy alta, causas puede haber muchas, como por ejemplo que cambie el proceso que se quiere informatizar, que la implicación de una de las partes sea menor que la esperada, que la complejidad sea superior a la prevista, etc… pero lo más frecuente es que el propio usuario se de cuenta en el proceso de desarrollo de ciertas mejoras o cambios que permitan dar al producto un mayor valor.

¿Dónde comienza el antipatrón? Cuando se pasa de velar por el cumplimiento de la agenda a una situación de culto por la agenda, de manera que no se trata de buscar una solución mediante la flexibilización de alguna de las variables: coste, plazos, alcance y calidad, sino que se pretende conseguir la cuadratura del círculo de manera que se asuman los cambios sin variar las condiciones de partida.

Y esto no suele traer buenos resultados, para empezar se producirá un desgaste en las relaciones entre los diferentes equipos implicados que hará todavía más complicada la consecución de los objetivos, dará lugar a un sobreesfuerzo por parte de muchas personas con el objeto de compensar esa desviación lo que terminará pasando factura en la calidad y en la productividad y por último el producto final será el reflejo de todos estos problemas y situaciones.

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